“Rojas”

Aleksándra Mijáilovna Kolontái, Róża Luksemburg, Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón, Simone de Beauvoir, Dolores Ibárruri Gómez, Valentina Vladímirovna Tereshkova, Violeta del Carmen Parra Sandoval,… tantas y tantas rojas que rompieron los ciclópeos muros del patriarcado, cuya lucidez es inmortal y sigue labrando el camino del progreso, la igualdad y la libertad. Recuperar su memoria y su lectura es tarea diaria para seguir asentando los pies en una sociedad que se tambalea cuando la tormenta reaccionaria arrecia a través de los medios de comunicación. Rojas que marcaron un antes y un después. Rojas cuyas ideas siguen mereciendo ser leídas, releídas, estudiadas, reflexionadas…

Pero no… bien podría, a tenor del título de este artículo, dedicárselo a ellas. Estos párrafos van para Carlos Rojas Vila, un escritor catalán que entregó la cuchara el pasado 8 de febrero y a quien le debo un puñado de lecturas muy interesantes. Rojas fue uno de aquella generación de los niños de la guerra, escritores que nacieron en torno a los años 20 del siglo pasado y que desarrollaron su obra en plena dictadura.

Cuando Amenábar estrenó su “Mientras dure la guerra”, no pude desligar el guión de la película del libro “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte! Salamanca, 1936“. Un acercamiento certero a la confrontación de aquel el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, entre el aún rector perpetuo Miguel de Unamuno y el general borrico-fascista Millán Astray. Rojas aporta a su obra el haber crecido en los años de la II República y el posterior golpe (no “alzamiento”, que así bautizaron los franquistas al golpe para blanquear lo que sucedió). Rojas logra así desarrollar en primera persona un ensayo histórico perfectamente documentado del que no se escapa ni nuestro bilaureado y corrupto Valera.

En el año que nací, Rojas publicó su “Memorias inéditas de José Antonio Primo de Rivera“, un entretenida obra donde reinventa unas memorias alternativas del fundador de la Falange Española, quien está preso en Moscú, no en Alicante, y donde tiene interesantes conversaciones con Iósif Vissariónovich Dzhugashvili (Stalin). Una trama muy atrevida para establecer una conversación entre ideologías antagónicas, trasladando el cautiverio de Jose Antonio al mismo corazón de la Madre Patria del Proletariado Mundial.

Algo similar hizo, dos años después, con su “ingenioso hidalgo y poeta Federico García Lorca asciende a los infiernos“. En esta ocasión llega a plantear futuros alternativos para el poeta. ¿Qué hubiese pasado si no hubiese ido a la casa de Luis Rosales, donde le detuvieron para llevarlo a fusilar? Sin lugar a dudas, la obra de Rojas desarrolla una serie de ucronías que bien merecen en este artículo, una ferviente recomendación para todas aquellas personas que gocen de una lectura intelectualmente honesta y constructiva, que lleva al debate y deja volar la imaginación. No en vano, Rojas se llevó merecidos premios (el Nacional de Narrativa en 1968, el Planeta en 1973, el del Ateneo de Sevilla en 1977 y el Nadal en 1979).

Sirvan estas breves líneas para ofrecer un par de pinceladas que os animen a conocer la obra de Carlos Rojas. No os decepcionará.

Antonio Olvera Calderón
DeLaIsla.ES




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