“Libertad, ¿para qué?”

Acabo de leer un artículo de opinión en el Diario de Cádiz titulado “Lenin en San Fernando“(1) en el que el autor recurre a una frecuente e interesada descontextualización de la expresión “libertad, ¿para qué?“, que aparece en la obra “Mi viaje a la Rusia Sovietista” de Fernando de los Ríos.

En concreto, el autor del artículo asegura que “es archiconocido el viaje a Moscú del socialista Fernando de los Ríos (que fue ministro de Justicia en la Segunda República) para entrevistarse con Lenin. Sucedió antes, en 1920. Fernando de los Ríos le preguntó a Lenin cuándo iba a restablecer las libertades, al haber triunfado ya la revolución soviética. Lenin le replicó: “¿Libertad para qué?”. De los Ríos, que era socialista pero democrático, salió escandalizado“. Aquí es donde uno se imagina a Fernando de los Ríos llevándose las manos a la cabeza al grito de “Oh, my God! ¡Lo que ha dicho!“.




Ya te digo yo a ti que quien asegura eso con tanta firmeza (que suelen ser personas de derechas) no se ha leído el libro de Fernando de los Ríos. Porque anda que no hay material en “Mi viaje a la Rusia Sovietista” para reforzar un argumento “pseudoanticomunista” de la Rusia de 1920.

Es curioso el argumentum ad verecundiam(2) con la figura de Fernando de los Ríos remarcando que fue Ministro de Justicia en la II República, calificándolo, no sin cierta retranca por parte del autor del artículo, como “socialista pero democrático” (socialista pero buena gente, algo así querría decir).

…y ciertamente Fernando de los Ríos, del PSOE, fue un intelectual de talla mayor. Muy interesante conocer su obra (situándola correctamente en su contexto se pueden extraer al presente algunos debates interesantes sobre socialismo(3), por ejemplo). Por eso llama tanto la atención que la derecha lo cite. Pero bueno, ya citan hasta a Orwell y a Miguel Hernández. Y es que tampoco tienen mucho de su cuerda donde rascar…

Fernando de los Ríos, siendo ministro de justicia precisamente, dijo aquello de “en una autocracia, la desobediencia es un deber; en una democracia, la obediencia es una necesidad“(4). Y es que, recordemos, hasta tan solo un mes antes de la proclamación de la II República, Fernando de los Ríos estaba encarcelado por su pertenencia al Comité Revolucionario que preparó a finales de 1930, e infructuosamente, una huelga general que fuera acompañada de una insurrección militar con el objetivo de meter a “la Monarquía en los archivos de la Historia“(5). Sí, decididamente hoy día harían falta más ministros como él. Aunque seguro que sabiendo estas cosas, ya no interesa tanto citarlo.

Con el golpe de Estado del 36 y empezada la guerra civil, Fernando de los Ríos colaboró activamente con la embajada española en París para procurar armamento al gobierno republicano. Y quién le iba a decir entonces que jamás volvería a España, porque lo habrían asesinado de haberlo hecho. Esa es la “libertad” que forjaron los “salvadores de la patria” en nuestro país 20 años después de su “entrevista a Lenin”.

En “Mi Viaje a la Rusia Sovietista” (6) hay un “¿libertad para qué?” y un “¿libertad de qué?

Sobre el “libertad, ¿para qué?” que se suele citar fuera de contexto: según el autor del artículo la pregunta, en resumen, que le hizo Fernando de los Ríos a Lenin fue: “cuándo iba a restablecer las libertades, al haber triunfado ya la revolución soviética“.

“¿Cuándo iba a restablecer las libertades?”. ¿Qué libertades había que restablecer? ¿Las del Zar Nicolás II? ¡Que estaban en 1920! ¡Rusia llevaba varios años en una guerra civil que no terminaría hasta 3 años más tarde! Únele el proceso revolucionario de 1917 y las consecuencias de la I Guerra Mundial en aquella zona. Por eso Fernando de los Ríos apela a un “periodo de transición”.

La pregunta, textual, como aparece en el libro: “¿Cómo y cuándo cree usted que podría pasarse del actual período de transición a un régimen de plena libertad para Sindicatos, Prensa e individuos?

Fernando de los Ríos (7) recoge que Lenin termina respondiendo: “El periodo de transición de la dictadura del proletariado será entre nosotros muy largo…, tal vez cuarenta o cincuenta años; otros pueblos, como Alemania e Inglaterra, podrán, a causa de su mayor industrialización, hacer más breve este período; pero esos pueblos, en cambio, tienen otros problemas que no existen aquí; en alguno de ellos se ha formado una clase obrera a base de la dependencia de las colonias. Sí, sí, el problema para nosotros no es de libertad, pues respecto de ésta siempre preguntamos: ¿libertad para qué?”.

El “¿libertad para qué?” no fue en modo alguno una respuesta directa que Lenin dirigió con displicencia a Fernando de los Ríos, ni fue un desprecio a tal concepto. Estaban en guerra, normal que se cuestionase la dimensión de la libertad, su alcance y proyección. Los que ganaron la guerra en España la entendieron a su manera, ya sabemos cómo.

Antes de esa cuestión, Fernando de los Ríos sí describe con claridad su percepción acerca de la “libertad” que preconiza Lenin.

“Pero Lenin -y con él el Gobierno ruso de hoy- concibe la libertad como un absoluto realizable en la sociedad comunista: “cuando la resistencia de los capitalistas haya sido definitivamente rota; cuando los capitalistas hayan desaparecido; cuando no haya clases, es decir, cuando no haya distinción entre los miembros de la sociedad en sus relaciones con los medios sociales de producción, sólo entonces desaparece el Estado y se puede hablar de libertad” (8). Mas así concebida la libertad, esto es, como la resultante de una forma de organización social, queda eliminado lo que es la raíz del liberalismo, el problema de la conciencia, y nos lleva además a una visión de la libertad en pugna con todo el sentido científico del moderno liberalismo, para lo cual la libertad, a fuer de noción absoluta y en oposición precisamente con la ingenua doctrina del progreso del siglo XVIII, que estimaba apostables los contenidos de aquélla, es concebida más bien como un juicio al que en cada momento se le va añadiendo un predicado: “¿libertad de qué?” -decía Hartmann(9)-; y así, la libertad aparece en cada instante con una misión concreta y real que satisfacer en el hoy, aun cuando, además, sea como una asíntota, es decir, algo a que nos aproximamos siempre sin poderlo alcanzar jamás; ¿pero tiene sentido concebir, como lo hace Lenin, lo absoluto a modo de algo quiescente susceptible de ser derretido en la experiencia algún día?”.

Por eso creo que, de recurrir a Fernando de los Ríos para atacar al “comunismo de Lenin”, podría haber citado la conclusión del “Mi Viaje a la Rusia Sovietista”: “hay tres enemigos esenciales que el hombre debe combatir, independientemente del papel que desempeña él en el Estado. Estos tres enemigos son: 1º, la jactancia comunista; 2º, la ignorancia; 3º, la venalidad“. Curiosamente, fue la jactancia, la ignorancia y la venalidad fascista la que le acusaría de una “pertinaz política antinacionalista y antiespañola” (10), que le llevaría al exilio y a combatir en el mismo frente que el Partido Comunista, entre otros, para defender la libertad en España.

Y ya puestos a seguir sacando cosas del libro de Fernando de los Ríos, en el prólogo a la tercera edición reconoce la “elevación inequívoca del bienestar” de la Unión Soviética en 1934 “en lo relativo a seguros sociales, asistencia social, viviendas y ayuda escolar“.

Sí que coincido con el autor en una cosa, y es cuando asegura que “El “¿libertad para qué?”, que escuchó Fernando de los Ríos en Moscú, todavía no lo han resuelto algunos“.

(1) León, José Joaquín. Lenin en San Fernando. Diario de Cádiz, versión digital. 12 Mayo, 2020.
(2) consiste en apelar al respeto o prestigio de una persona para respaldar un argumento. Es una falacia lógica de autoridad, por eso se le conoce también con el nombre de argumentum ad verecundiam (en latín, argumento de respeto).
(3) Por ejemplo, a través de su obra “El sentido humanista del socialismo”.
(4) Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes, número 32, 3 de septiembre de 1931, pp. 749–753.
(5) Juliá, Santos (2009). La Constitución de 1931. Madrid: Iustel. p26.
(6) de los Ríos Urruti, Fernando. Mi Viaje a la Rusia Sovietista. 1921
(7) Fernando de los Ríos: “La conversación con Lenin, salvo brevísimas variantes, es una trascripción del informe que, conjuntamente con el otro delegado, mi amigo el señor Anguiano, presentamos al partido. (Véase “El Socialista” de 18 de enero de 1921)”.
(8) L’Etat et la Révolution(edición oficial; Moscú, 1919, p. 67).
(9) Phänomenologie des sittlichen bewusstseins. Eduard von Hartmann. Berlín: Carl Dunckner, 1879.
(10) Orden del 4 de febrero de 1939, Ministerio de Educación Nacional, por la que el bando franquista depuraba a varios catedráticos.

@el_paterr
DeLaIsla.ES




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