“Esto es Carnaval”

Hace poquito más de 60 años, ahí es nada, la prensa provincial relató un suceso que tuvo que ver con la familia de quien escribe estas líneas. Iba a hacer una interpretación leal a lo que se publicó al respecto, pero creo que (para evitar lo pretencioso, que su pequeña dosis lleva) es mejor transcribiros el texto de la noticia tal cual se pudo leer entonces. Dedicado a la afición del Carnaval en general, y de La Isla en particular. Pongamos en marcha el Delorean, rumbo a febrero de 1960.


ASÍ ES CÁDIZ

La gesta de los hermanos Olvera Palma define la raíz folklórica de nuestro pueblo.

El sentimiento del deber y del compañerismo pudo más que la propia tragedia que vivían.

Cuando el miércoles, 18 de febrero, segundo día de actuación de los coros y chirigotas en el Teatro Falla, el público escuchaba enfervorecido a las diversas agrupaciones que, una tras otra, iban saliendo al escenario; la voz emocionada del locutor que anunciaba a los que intervenían, puso de pronto un pálpito de emoción en la sala.

Un coro, el de “Los Faquires de Oriente”, de la vecina y hermana ciudad de San Fernando, actuaba de forma sorprendente, en unas condiciones verdaderamente singularísimas:

De treinta y dos miembros de que estaba compuesta, cinco de ellos se hallaban lacerados por el peso del dolor: eran víctimas de una gran desgracia, y, bajo el peso de la misma, ellos y sus compañeros, que también la tenían que compartir, no habían dudado en presentarse.

De derecha a izquierda, estos son los tres hermanos y dos sobrinos, pertenecientes al coro de San Fernando “Los Faquires de Oriente”, a cuya gesta magnífica dedicamos este reportaje.

Conocido el entusiasmo popular por las agrupaciones folklóricas, nada podía extrañar: mas sin embargo, el hecho, por insólito y magnífico, resultaba verdaderamente emocionante.

Los hermanos Antonio, José y Manuel Olvera Palma, un poco antes de las ocho de la noche, en que habían llegado a Cádiz, acababan de enterrar en San Fernando a una hermana suya, casada, de cincuenta y ocho años de edad: otros dos sobrinos de la interfecta, José Olvera Melero y Pepe Palma, se hallaban igualmente abrumados por idéntica desgracia.

Ya el día anterior, la enferma en estado de suma gravedad, no habían vacilado en cumplir con su deber: para con su coro y para con sus compañeros, así como para la ciudad que representaban. Su ausencia de la agrupación, por el número, tan fundamental, hubiera resultado completamente funesta. Y el coro habría quedado así sin imposibilitado de actuar, luego de tantas ilusiones y esperanzas puestas a lo largo de todo un año.

Y la familia Olvera Palma supo cumplir como los buenos, haciendo de tripas corazón cuando el telón se alzó ante ellos.

Pero la prueba que habían sufrido el martes, 17, no fue suficiente, porque al día siguiente fallecía la hermana, siendo enterrada a las seis y media de la tarde.

Todos los compañeros acudieron, como es lógico, al sepelio. Y cuando éste terminó, el estado de ánimo de los hermanos Olvera no dejaba lugar a dudas.

La angustia debió consumir a los demás miembros de los “Faquires de Oriente”.

No, iba a ser muy difícil que, luego de lo ocurrido, aquellos hombres tuvieran valor para acompañarles en la prueba final, la que seleccionaría los premios del Concurso.

Y lo peor era que, según la impresión general del primer día, uno de los mejores premios se lo llevarían seguramente ellos.

Los hermanos Olvera se resistieron al principio. Cualesquiera hombres, en igualdad de circunstancias, hubieran hecho lo mismo, y la mayoría, mucho menos que lo que ellos fueron capaces de realizar.

Al final el sentimiento del compañerismo y del deber triunfó, incluso sobre el sentimiento personal y la pena que les embargaba. Y hasta la misma familia les animó a realizar tan notable gesta.

Porque gesta, y de las que merecen ser señaladas en letras de oro, fue la llevada a cabo por estos cinco hombres al presentarse en tan dolorosas circunstancias en el Teatro Falla, cuando aún no habían transcurrido tres horas del entierro de su pobre hermana.

¿Verdad que esto merecía contarlo en impreso molde, para que todos, fuera de Cádiz, conozcan qué son capaces de hacer los hombres de la provincia gaditana?

El mayor de la dinastía de los Olvera Palma, Antonio, a quien he entrevistado, me cuenta todo esto con lágrimas en los ojos.

– Créame, señor, cuando el telón del Falla se alzó sobre nosotros, el corazón se nos debió de abrir. Y no me avergüenza decir que, entonces, lloré.

Y cuando Antonio Olvera me cuenta esto, a tantos días fecha ya, no puede contenerse y se me echa a llorar desconsoladamente. Él, un hombre fornido y maduro, de rostro bonachón.

Antonio, en el centro, y su hermano José, charlando con nuestro Director en la Redacción de “Ediciones Neila”, cuando esperaban su turno para actuar en la Plaza de Primo de Rivera.

“Los Faquires de Oriente”, uno de los dos coros que este año presentó San Fernando, obtuvo el Primer Premio Provincial.

Ahí quedará, para la historia futura de las grandes Fiestas Folklóricas gaditanas, el gesto de los cinco Olvera, como claro exponente del arraigo que en el pueblo tienen.

El clásico ejemplo del payaso de circo o del actor de teatro que, en parecidas ocasiones de la vida, tiene que ofrecer el gesto amable o la vis cómica al público, mientras dentro del corazón se le desgarra bajo el brutal peso del dolor, se ha repetido en 1960, en Cádiz, pero todavía mucho más aleccionador y conmovedor. Porque esta vez no fue un profesional de las tablas o de la pista el que diera limpia lección de entendimiento del supremo deber profesional, sino unos simples aficionados, obreros de las factorías de San Fernando, los que sacrificaron sus propios sentimientos en aras de unos valores que para ellos son siempre sagrados, y que precisamente por acciones tan sublimes como esta, se agrandan y sublimizan.

Si las Fiestas Folklóricas de Cádiz están en manos así, nadie puede asombrarse de cuánto encierran.


Esto fue lo que la prensa recogió de aquello. Mi padre y mi abuelo me dieron la versión personal, la vivida en el teatro, la del respeto y el apoyo de un público entregado. La del dolor familiar y el compromiso por eso que hoy día llaman “veneno”, y que hace del Carnaval de Cádiz uno de los eventos más identitarios (mezclando compañerismo, creatividad, buen humor y cercanía) e importantes de todo el mundo.

Antonio Olvera Calderón
DeLaIsla.ES




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