De toses y engranajes

La máquina perfecta. Eso dicen. Eso me decían. Esta ha sido una semana de esas raras. He tenido pocos momentos para salir a la calle e inspirarme. Tos parriba, moco pabajo. Virus de invierno, semana de baja. Lo normal pa ser febrero.

La máquina perfecta. Por más que intentaba salir a la calle, empezaba o acababa en el médico (Otro motivo más para evitar salir). Tres horas en urgencias el domingo. Se me quitaron las ganas de hablar. Había carteles de “silencio” que nadie cumplía. Había pósteres de derechos y deberes. Me llevé papeles a casa que certificaban que bueno no estaba pero que de esta salía.

Buena gente los firmaba. El martes igual, pero en un cuarto de hora. La máquina perfecta. Sonaban los dientes de las ruedas de mi engranaje. Así de tranquilo he estado –he tenido que estar– que he tenido tiempo de escucharlos. He tenido silencio para escucharlos. He llegado a tener ganas de escucharlos.

La máquina perfecta. Tic tic tic tic. En mi cabeza sonaban unas preguntas de la semana pasada. Las coloqué en la columna anterior adrede; quería compartirlas, quería que retumbaran: “¿Quién me metería en la cabeza que estaba hecho para triunfar?”

Nombres, situaciones, vivencias… hay quienes creen que la vida tiene mucho de motivo y poco de accidente. Entre esa gente, hay quienes creen que el motivo es el triunfo. Yo qué sé qué clase de triunfo, pero a toda costa el triunfo. ¿Y si por ahí me hubieran metido esas ideas? ¿Y si por ahí estuviera la idea de alguien que no se queja, que no para, que no tiene tiempo de pensar? ¿Y si esa, que no existe, que sólo es idea, fuera la máquina perfecta?

Autor: PABLO J. MEDINA




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