De encuentros y la vuelta a esta columna

De cada cual según sus capacidades… Llevo desde el puente de diciembre con el ritmo cambiado, poniendo empeño en retomarlo. Hoy sigo peleándome con el día a día, con las novedades que deshacen el horario previsto. Voy aceptando, aunque me cueste, que la pelea con el tiempo va a durar toda mi vida. El tiempo, qué obsesión: la de perderlo, la de apurarlo, la de llegar tarde porque estaba haciendo no sé qué. Siempre el tiempo por delante, nunca la gente a la que respeto y con la que disfruto, a veces ni yo.




De cada cual según sus capacidades… Llevo desde entonces peleándome con sacarle un rato a la escritura de esta columna. Llevo desde entonces peleándome conmigo mismo por seguir entrenando la mirada por la calle, por anotar las ideas en el móvil o en un papel –de la cabeza se me van las mejores–, por sacarlas cada viernes y desmenuzar lo que me ha pasado esa semana. Es una especie de ritual conmigo mismo, una forma de decirme que tengo la vista despierta, el oído encendido, el olfato dispuesto y las manos calentadas para teclear. El gusto lo dejo para cuando termino el borrador y lo leo y releo hasta que tiene las palabras justas, las frases de una longitud, las ideas encajadas.

De cada cual según sus capacidades… Llevaba un cierto pesar, como si hubiera vuelto a perder ese sentido para analizar. Ese sentido no es una esencia, sino un aprendizaje. Es algo que me han enseñado buenos compañeros y buenas camaradas. Pudieron estar en clase, en una asociación, en el Partido… estuvieran donde estuvieran, algo bueno han aportado. Uno me lleva obsesionando desde el puente de diciembre.

Compañero Antonio, qué obsesión reconocerte en unas uñas amarillas, en las arrugas de algún señor que pasaba por donde yo, en los vaqueros raídos del que me acababa de adelantar. Era montarme en el autobús y verte en uno que iba al fondo. Era ver unas barbas canas, unos ojos vidriosos y tenerte enfrente.

Cada vez que te veía en uno de esos señores, me acordaba de este rato de viernes. Ha sido como pasar el luto que no sentí cuando te fuiste. Lo mejor es que no ha sido triste, ha sido –tantas veces lo repetías riéndote– empujar y empujar hasta… que me he sentado a escribir. Que no sea por que no soy capaz de analizar. Que no deje de repetirse en mi cabeza aquella frase marxista por la que hoy te recuerdo: “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”.

Autor: PABLO J. MEDINA

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