De cambios y de horas

Cambiamos de hora. Si se te había olvidado, calma. El móvil lo ha hecho por ti. Quizá la tele también. Y el ordenador. A saber si el microondas. Simplemente, dedícale un rato a cambiar los relojes de pared. Igual que te has dedicado un rato de más en la cama. Paladéalo.




Cambiamos de hora. También de hábitos. Estos días llevan aconsejándonos mantener rutinas. Algo raro, porque se han convertido en otra cosa. En mi caso, estoy pegado al ordenador alguna hora de más. Ese rato de más lo compenso alejándome de la pantalla. Música de ambiente mientras estudio en papel. Hablar con la familia mientras la tele está encendida.

Aprender a hacer ejercicio…

Cambiamos de hora. También de consumo. La tele ya cansa. Las redes me cansaban antes. Me quité de la mayoría a primeros de mes y ha sido una buena elección. Si estoy pendiente a las noticias, intento verlas un par de veces: una en la tele, otra en diario digital. Algo sólo para contrastar. Y acudo al buscador para comprobar la veracidad de lo que me cuentan por grupos.

Razonable. Sencillo.

Cambiamos de hora. También de relaciones. Dando importancia a la gente que está cerca. Comunicándonos. Preguntándonos quién sale a comprar. Preguntándonos qué se compra.

Preguntándonos poco a poco cómo nos va. Siempre hay algo que mejorar: algo que preguntar,
algo que decir de otra forma, algo para empatizar en vez de enfurruñarse.

Me preocupa lo que va a pasar lo suficiente: cuáles son mis amistades, mis familiares, mis
camaradas. La gente con la que voy a contar. La gente que quiere contar conmigo. La gente
que está leyendo, que está viviendo al día, que se siente despierta. Confío en que esa sea la
gente con la que estaré cuando vuelva a cambiar la hora.

Autor: PABLO J. MEDINA




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