De la dignidad y la memoria

Pepe, deja que te cuente. Estaba yo camino del juzgado, pensando si el hilo del que iba a tirar iba a llegar a algún sitio… Me acordaba de cuando contabas que te secuestraron las “Memorias de un Mal Nacido”. Y cuentas y me cuentan que te las secuestraron después de que muchos se pusieran a temblar en tu Isla. A ti, que nada ni nadie te calló. No lo hicieron en la dictadura, lo iban a hacer después…

Pepe, deja que te cuente. Entro en el juzgado, que para algunas cosas está muy moderno. En el control de seguridad, me vacío los bolsillos y pregunto si me tengo que desabrochar el cinturón. Me dice uno de los guardias civiles que no, paso el arco y recojo mis cosas. Y el otro a su rollo, mirando el móvil y comentando a gritos (de esos que alguno diría “yo es que hablo fuerte”) lo de Cataluña: ¡Esto es lo que está haciendo el Marlaska! ¡LA MARICONA!

Pepe, deja que te cuente. Yo en el juzgado yendo a preguntar por ti. Tus dos mil páginas de rabia concentradas en un segundo. Dos proyectiles en los ojos y dos flanes por piernas. Y el dardo en la boca: ¡LA MARICONA COMO YO, ¿NO?! ¡No tendrá cosas que criticar del Marlaska!

¡No habrá cosas que criticar que no sean con quién se acuesta!

Pepe, deja que te cuente. Ese guardia civil balbuceando una excusa. El compañero sin saber dónde meterse. Yo empezando a bajar las escaleras del juzgado: ¡Y luego es en ustedes en quienes tenemos que confiar pa poner una denuncia! Bajaba con el bochorno en el cuerpo y aunque dijeran algo, yo iba pensando en lo que nos dejaste escrito.

Pepe, deja que te pregunte. ¿Tú te acuerdas de los crímenes contra homosexuales en tu Isla? ¿El de las Siete Revueltas? ¿El de Torregorda? ¿El del pescaero de la Plaza? Todos grabados en la memoria, Pepe, como los relataste hace casi treinta años. Todos me vinieron a la cabeza bajando la escalera.

¿Tú te acuerdas de cómo abandonaban los cadáveres? ¿De cómo aquella guardia civil no investigaba ni un crimen porque en la España en Franco y negro no había mariconas?

Estoy hasta las narices de que critiquen a homosexuales solo por serlo, Pepe. ¿Habrá cosas por las que criticar a Grande-Marlaska? Pienso en lo que está haciendo en Cataluña con chavales que salen a la calle como tú cuando gritabas por el comunismo, por el proletariado y por el amor libre. Pienso en que ignorara las denuncias de torturas a detenidos en el País Vasco, que seguro te habrían recordado las de la guerra y la posguerra. Pienso cuando abrió el juicio a los dibujantes de “El Jueves”; como tu libro, también la secuestraron. Y las que no te cuento, Pepe.

A ver si tiro del hilo y eres tú quien me cuenta algo…

Autor: PABLO J. MEDINA




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