De cerveza y compromiso

Únete a la resistencia. Con este lema, una cerveza ocupa las pantallas publicitarias de La Isla. Un brazo derecho levanta una cerveza. La mano agarra firme el botellín, la lata o el vaso. Sobre un fondo gris, cada protagonista va pulcramente ataviado con pulseras, con las uñas pintadas, con las manos más o menos arrugadas, con más o menos melanina, con más o menos tatuajes.

Únete a la resistencia. Primero, “Únete”, un imperativo. Podría ser una sugerencia. Podría identificar a sus consumidores. Pero es una orden. Dentro, ese “te” que se dirige de uno en uno al público. Podríamos ser decenas y hasta cientos quienes pidiéramos ese producto, pero al pagar, que cada cual pague lo suyo. ¿Es la tendencia en La Isla también?

Únete a la resistencia. ¿Qué sabemos de ella? Que está formada por gente como la que va a ver el anuncio: de cualquier color, de cualquier tribu urbana, con cualquier adorno pero, sobre todo, que consume esa cerveza. La serie de anuncios marca nuestras diferencias para que todo el mundo se sienta identificado como potencial cliente: “¡Que nadie deje de consumirla!”.

Únete a la resistencia. Todo eso en un cartel de camino al bar o a la tienda. Una cerveza cualquiera anuncia que el compromiso de ser parte de un grupo más grande es tan fugaz como comprar, servir, beber y desechar el tercio o el tubo.

Yo me resisto a creer a un anuncio. Me resisto a que nuestro único plan sea arreglar el mundo entre cervezas. Me resisto a pensar en una cerveza como el fin, y no como un medio, para vernos entre iguales. Y esa resistencia sí es un compromiso: resistimos escuchando nuestros problemas y proponiendo soluciones; resistimos porque vemos que hay fuerza, ánimo y voluntad para transformar La Isla en la que vivimos; resistimos porque las cervezas han caído para celebrar cada éxito del pasado, del presente y del futuro. ¿Y si ya somos la resistencia?

Autor: PABLO J. MEDINA




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