Bases del discurso para desestabilizar al Gobierno

La maquinaria comunicativa de la derecha nunca ha funcionado tan bien engrasada y a un ritmo tan frenético como en estos días. Vamos a intentar analizar algunos de los elementos del discurso de la derecha contra la gestión del Gobierno de la crisis sanitaria. Ojo, este artículo no pretende defender la gestión del Ejecutivo. De hecho, si el discurso de la derecha está funcionando tan bien es precisamente porque el Gobierno está cometiendo errores graves, más aún en el tema discursivo.




La agenda oculta

La metáfora de “la agenda oculta” del Gobierno está funcionando por diversos motivos. El primero es que el marco cultural para que ésta funcione ya estaba creado y listo para ser usado desde antes de la crisis del coronavirus.

Desde la formación del Gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos, los medios de comunicación de derechas han bombardeado día tras días a los españoles con la idea de que existía un peligro inminente de la implantación de un Estado totalitario bolivariano en nuestro país. Esta era la verdadera “agenda oculta” del nuevo Gobierno, una agenda que, claro, “no quieren que sepamos”.

Pero, ¿qué es una “agenda oculta”? Bueno, esta es la metáfora que usamos comunmente para hacer referencia a los proyectos e intenciones que alguien tiene y que no quiere que conozcamos. Se trata pues de arrojar sobre el Gobierno la sombra de la sospecha, de la desconfianza.

Así, la crisis sanitaria ha sido usada por el Gobierno de PSOE y Unidas Podemos para implantar esta “agenda oculta” que, en este caso, no es otra que la de implantar un Estado totalitario. También en el plano económico. Tanto PP como VOX y otros sectores de la derecha han acusado al Ejecutivo de aprovechar el estado de alarma para implantar una economía de corte intervencionista y socialista.

Esta metáfora además gana fuerza en cuanto que está siendo alimentada por diferentes teorías de la conspiración. Las conspiraciones, ya lo sabemos, se hacen en la sombra; un grupo con mucho poder pero, al mismo tiempo, “oculto”, traza un plan para manejar nuestras vidas desde “la oscuridad”…

Así, tenemos una mezcla explosiva pero eficaz: la “agenda oculta” promueve la desconfianza hacia el Gobierno y las teorías de la conspiración dan argumentos para defender la existencia de ésta.

¿Cómo podría el Gobierno desactivar esta metáfora? Pues, por ejemplo, siendo más transparente y comunicando mejor y más claramente sus planos. Es el propio Gobierno el que, al presentar la crisis sanitaria como una “guerra”, se ha envuelto en este halo de “misterio” (porque, en una guerra, no podemos dar toda la información al enemigo). Pero analizaremos esta metáfora de la “guerra” más adelante.




El Gobierno miente

Si el Gobierno “oculta”, el Gobierno “miente” necesariamente para mantener ocultas sus verdaderas intenciones. Es algo obvio. El Gobierno miente sobre la realidad de la situación; el Gobierno miente sobre el número de contagiados; el Gobierno miente sobre el número de muertos; el Gobierno miente sobre sus futuros planes; en definitiva: el Gobierno miente cada vez que habla. Por tanto, la desconfianza hacia el Gobierno sigue alimentándose y creciendo sin freno.

Como decía antes, este artículo no pretende defender la gestión del Gobierno y, si la idea de “Gobierno mentiroso” cala es, precisamente, porque no han sabido comunicar lo que pretendían y reconocer, al mismo tiempo, sus limitaciones. Si no tenemos los datos exactos de fallecidos por coronavirus no es porque el Gobierno mienta, es porque hay un caos tremendo en la recolección de datos (proporcionados, dicho sea de paso, por las Comunidades Autónomas). Desde el Ejecutivo de Pedro Sánchez han preferido aceptar pasivamente las acusaciones de mentiroso antes que reconocer su incapacidad para recopilar y ofrecer datos ciertos.

¡Estamos en guerra!”

La metáfora de “la guerra”, ya lo han criticado en varios artículos, es la metáfora más nefasta que se podía haber usado para comunicar sobre la crisis sanitaria.

La metáfora de “la guerra” nos lleva a pensar en “armas” (los sanitarios van sin las armas adecuadas a luchar contra el enemigo), “caídos” (los alegatos de VOX y PP para hablar sobre los muertos por coronavirus nos hacen pensar más en los caídos por la patria en una guerra que los fallecidos por una enfermedad), en “enemigos”, en “vencer”, en “estrategia”, en “bandos”, etc.

Así, se trata de “vencer” al “enemigo”. Pero, cuirosamente, en esta guerra el enemigo no es un país o un grupo de personas: es un virus. Y a los virus, no se les vence, se les elimina con vacunas y medicamentos. Es decir, a una enfermedad se la trata, no se la vence. La metáfora de la guerra llama a la lucha, a la heroicidad. Es un discurso belicista que la izquierda no sabe y no puede manejar; es el marco cultural de la derecha: militarizar a la sociedad civil. De esta manera, la derecha dibuja bandos, los buenos y los malos; los patriotas y los traidores. Y, un gobierno que “oculta información” y “miente” es un Gobierno “traidor” que no está con los “buenos”, los “patriotas”.

Así, la derecha lleva semanas proponiendo homenajes, banderas a media asta y crespones. ¿Cómo puede ser que esta propuesta tenga más seguidores que todo el paquete de medidas sociales que ha aprobado el Gobierno y que ayudará a miles de españoles a no caer en la miseria a causa de esta crisis? Puede ser porque el propio Gobierno ha reforzado la idea de la “guerra” y, en este marco, las propuestas de la derecha siempre tendrán más seguidores.

¿Qué metáfora se podría haber usado en lugar de la de “la guerra”? En mi opinión, la metáfora de “los cuidados”. “Cuidar a tu vecino” se ha convertido en una consigna fuerte entre la ciudadanía. Aceptar el confinamiento por responsabilidad; cuidar al vecino durante el confinamiento. Aplaudir a todos aquellos que nos cuidan (sanitarios, agricultores, fuerzas de seguridad, limpiadores, personal de los supermercados y tiendas de productos de primera necesidad, etc.). Esto, además, unido a la realidad de que los médicos no van a la guerra contra el virus para matar al enemigo invisible; los médicos van a los centros de salud y hospitales a curarnos, a cuidarnos; van a salvar vidas, no a matar.

¿Por qué, entonces, el Gobierno explotó esta nefasta metáfora de la “guerra”? Quizás porque creyereon, falsamente, que era la mejor para justificar el estado de alarma y movilizar así a la población.




El Gobierno improvisa

Cada día a la misma hora comparece ante todo el país un señor que destaca sobre el resto con un discurso diferente al que no estamos acostumbrados. Un señor otrora desconocido y que hoy es la envidia de muchos influencers. Un señor que, ante una pregunta muy concreta, no tuvo pudor, en plena crisis sanitaria, en responder “no lo sé”. Hablamos de Fernando Simón, el médico epidemiólogo y portavoz del Gobierno contra la pandemia del SARS-CoV-2.

Acostumbrados a grandes discursos, a sentencias lanzadas desde el atril ante la prensa o desde la tribuna de oradores del Congreso de los diputados, los españoles no estamos preparados para entender el discurso de un científico. Un político afirma o niega aunque no tenga claro de qué está hablando; un político te garantiza, aunque luego no pueda cumplir. Y esto nos da tranquilidad, nos reconcilia con el mundo. Tenemos que asumir aquí que nos comportamos como niños que buscan consuelo de sus padres. En cambio, un científico, como Fernando Simón, solo sabe lo que la ciencia sabe.

Esto también es aprovechable por la oposición: el Gobierno no está preparado para gestionar la crisis, incluso su máximo responsable en este caso lo reconoce. El Gobierno improvisa cuando dice una cosa por la mañana y por la tarde otra diferente. Aquí, para la oposición de derechas, “improvisar” es sinónimo de “rectificar”. Y aunque es evidente que no son sinónimos, el discurso funciona porque las metáforas que hemos descrito más arriba ya han alimentado la desconfianza hacia un Gobierno incapaz y traidor.

En la metáfora de “la guerra”, además, no se puede permitir que quien está al mando no sepa guiar a las tropas con firmeza y seguridad. De ahí que este Gobierno tenga que caer (las reiteradas peticiones de dimisión por parte de VOX) y que necesite un Comandante en jefe que ejerza como tal como, por ejemplo, el rey o un Gobierno de unidad nacional con la participación del Ejército.

Quizás, junto al discurso científico, echamos en falta a alguien que transmita empatía, que conecte con los sentimientos de quienes están perdiendo a familiares a causa de esta enfermdad, que conecte con quienes han perdido sus negocios o están sufriendo una crisis económica, con quienes no ven nada claro su futuro, con quienes llevan confinados más de cuarenta días y cuyas fuerzas empiezan a flaquear, …

Alimentar la confusión con mensajes contradictorios

Y, una vez que las bases de la derecha han interiorizado este discurso y sus diferentes estrategias y, además, por el camino se han ganado algunos adeptos más, descontentos exvotantes del PSOE y de Unidos Podemos, toca ir a por los indecisos que, en caso de no ganarlos a su causa, siempre pueden caer en la desafección.

Entran en juego diferentes estrategias discrusivas. Por un lado, los bulos. Mentiras contra el Gobierno amplificadas por las redes sociales que, en el mejor de los casos, crean dudas sobre la gestión de la crisis y sobre sus responsables políticos.

Por otro, las teorías de las conspiración. La teoría de la conspiración funciona porque funciona la metáfora de la “agenda oculta”. El Gobierno no quiere que sepas la verdad. Mira este vídeo antes de que lo censuren. En este vídeo te contamos verdades como puños que el Gobierno no quiere que sepas.

La teoría de la conspiración es efectiva porque tendemos a buscar significado a todo lo que no comprendemos. Si el Gobierno no es claro en explicar qué sucede realmente, si deja espacio para las especulaciones, las teorías de la conspiración encuentran la forma de colarse en nuestras cabezas. La desconfianza hacia el Gobierno, el cansancio de la ciudadanía, la desafección hacia la democracia representativa y hacia los medios de comunicación tradicionales. Todos estos elementos necesarios para la tormenta perfecta de la conspiranoia.

Y, por último, alimentar la confusión con argumentos contradicctorios. El último: el Gobierno limita la libertad de movimientos como en un Estado totalitario para, acto seguido, criticar que el Gobierno relaja de manera irresponsable el confinamiento al permitir salir a los niños a pasear con sus padres poniendo así en peligro todo lo ganado hasta ahora. No hay pudor incluso en reconcoer las virtudes del estricto confinamiento decretado desde el Gobierno si esto sirve para generar confusión.

Este entramado discursivo es difícil, por no decir imposible, de desmontar con argumentos racionales. Básicamente porque, si tiene efecto, es gracias a que actúa sobre unos marcos conceptuales que son las ventanas a través de las que las personas interpretan la realidad y ven el mundo. Esto no se cambia con argumentos. Como defienden lingüistas cognitivos como George Lakoff, “las verdades tienen que enmarcarse para que se vean como verdades. Los hechos necesitan contextos”. Es decir, justo lo que ha faltado en el discurso del Gobierno: marcos y contextos propios en lugar de jugar con los de la derecha. Siguiendo con las palabras del propio Lakoff, “Solo podemos controlar directamente cómo comunicamos nosotros. No basta con corregir una mentira con la verdad, sino que es necesario enmarcar las cosas con nuestra visión moral para que la verdad se entienda, y es necesario que este nuevo marco vuelva a delimitar el debate político”.

LIO – Lingüístico




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