Asociaciones asesinas

Hace unos días recibí por un grupo de mensajería móvil un vídeo en el que un periodista alemán se mofaba de la impuntulidad de los españoles. La idea era clara: explotar el estereotipo “españoles – impuntualidad”. Un estereotipo que, además, suele llevar a la asociación de “españoles – impuntuales, fiesteros, irresponsables, siesta, paella, …”. Estas etiquetas, en apariencia inofensivas, suelen tener su reflejo en otras esferas. Por ejemplo, ¿cómo nos ven los países del norte de Europa en el Parlamento Europeo? ¿Qué prejuicios afectan a su toma de decisiones cuando se trata de nosotros?




Y es que el asociar una nacionalidad, un pueblo, una religión o una etnia con una serie de ideas o epítetos suele tener consecuencias nefastas. Por lo general, la gente que explota estos tópicos lo hace sin mala intención o, a lo sumo, a modo de burla sin más ánimo que el de despertar unas risas. Pero al ejercer de altavoz de estas ideas estamos ayudando a propagarlas y, finalmente, beneficiando a alguien. La explotación del esterotipo “español-irresponsable” nos deja muy mal en el ámbito de la política y la economía internacional y nos coloca en una mala posición de partida.

Otro ejemplo: la “gripe española”. Aunque ya todo el mundo sabe que la gripe que asoló al mundo a principios de siglo no era “española”, todavía hoy es conocida como tal. ¿Quién se benefició entonces de esta asociación y qué repercusiones tiene todavía hoy?

Y, a pesar de que sabemos esto, y de que lo hemos padecido; a pesar de lo absurdo de asociar una enfermedad a una nacionalidad (o viceversa), hoy hay quien habla de la “gripe china”. Si rastreamos el origen de esta asociación llegamos a Trump y, en su versión patria, a Vox.

Cuando las muertes y contagiados por coronavirus han superado en Estados Unidos a las de cualquier otro país del mundo; cuando hemos visto enterrar a sus muertos en fosas comunes en un parque; cuando oímos a su presidente negar la importancia de la pandemia; Trump rompe con la OMS y la acusa de estar al servicio de China al tiempo que habla de “el virus chino”. De manual: primer paso para manipular, crear un enemigo externo.

Este discurso, que además carga contra los expertos (científicos, sanitarios, …), es fácil de elaborar. Durante años hemos oído toda clase de esterotipos sobre los chinos; en los últimos tiempos, además, hemos escuchado sobre el peligro de China como superpotencia mundial. A este bagaje, este marco cultural de sospecha hacia “lo chino”, le unimos una teoría de la conspiración (el SARS-CoV-2 es un arma biológica creada en un laboratorio de la ciudad de Wuhan) y el discurso del odio contra los chinos tiene vía libre para calar en una sociedad asustada y desconfiada.

Nos advertía Amin Maalouf en su libro “Identidades asesinas” de que «por comodidad, englobamos bajo el mismo término a las gentes más distintas, y por comodidad también les atribuimos crímenes, acciones colectivas, opiniones colectivas […]. Pero me parece importante que todos cobremos conciencia de que esas frases no son inocentes, y de que contribuyen a perpetuar unos prejuicios que han demostrado, a lo largo de tod la historia, su capacidad de perversión y muerte”.

Si la idea del “virus chino” cala, ¿cuál será la actitud de la gente en adelante hacia la comunidad china? Ya hemos leído noticias de cómo algunos ciudadanos chinos han sufrido agresiones fuera de su país a causa de esta asociación perversa.

Con estas, al mismo tiempo que los científicos buscan una vacuna contra el SARS-CoV-2, tendremos que ir buscando otra contra el racismo y el nacionalismo porque estos discursos tienen un objetivo claro: llevar a alguien al poder y, ¿queremos en nuestro país un Gobierno como aquel otro que ante una crisis sanitaria antes que material sanitario ofrece a sus ciudadanos armas?

LIO – Lingüístico




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