Patria

PATRIA

Erving Goffman, considerado el padre de la microsociología, fue uno de los primeros en advertir de la existencia de marcos (frames) y de cómo estos estructuran nuestras interacciones con el mundo. En pocas palabras, George Lakoff, lingüista cognitivo, define marco como la estructura mental que nos permite entender la realidad y, a veces también, crear lo que entendemos por realidad.

Es decir, todo tiene lógica y sentido dentro de nuestro marco mental. Por ejemplo, en un taller, el mecánico es el que arregla el coche. No tendría sentido encontrarnos en un taller a un veterinario esperando a que le llevemos nuestro coche: esta situación se saldría de nuestro marco “taller”.

Sabiendo esto, en política se trabaja con los marcos, y los grupos conservadores lo saben mucho mejor que los progresistas; no obstante, en los últimos años, se han esforzado mucho en redefinir palabras. Pensemos en la palabra “soberanía”, un concepto político revolucionario y progresista que postulaba que el poder de la nación residía en la ciudadanía y que, hoy día, es un concepto muy usado por los grupos ultranacionalistas para oponerse a Europa.

O por ejemplo, “patria”, un marco muy flexible y voluble que ha sufrido diferentes manipulaciones a lo largo de la historia, pero que a raíz de las revoluciones francesas y americanas adquirió un matiz revolucionario. No en vano los insurgentes americanos en los patriots.

Pero el hecho de que “patria” sea un concepto históricamente cambiante y muchas veces con una carga más emocional que política, ha motivado que sea presa fácil de las tentaciones de los políticos nacionalistas.

Quien haya leído “Patria”, de Fernando Aramburu, además de un excelente relato sobre las víctimas del terrorismo de ETA, podrá encontrar algunos ejemplos de cómo se construye una noción de “patria” que es excluyente, pues tanto los terroristas de ETA como sus simpatizantes dibujaron un marco de “patria vasca” tan estrecho que resultaba muy fácil quedar fuera de este. Por consiguiente, quien está fuera del marco “patria” está “contra la patria” y es un “enemigo de la patria”.

Esto, que ya lo hiciera Franco con España, cerrando tanto el marco de “patria española” a “los españoles de bien”, que por supuesto eran católicos, apolíticos y tradicionales, y dejando fuera de la “patria” a millones de españoles, lo vuelven a intentar algunos políticos españoles. Lo intenta Albert Rivera, pero su afán por presentarse como un político de centro le hace manipular tanto los marcos que cada vez menos saben de qué habla. Pero sobre todo lo hacen Abascal y Casado.

En las últimas semanas hemos podido oír a Pablo Casado cosas como “Cada voto menos al PP ha sido un paso más para los enemigos de España” o “Los españoles preocupados por la vuelta de Iglesias lo único que pueden hacer es un unir el voto patriótico en el PP”.


El caso de Pablo Casado es más inquietante, ya que su tentación de unir el marco “patria” a unas ideas va más allá y lo lleva a identificarla con su propio partido. Es decir, para Pablo Casado la “patria” pasa por el PP (curiosamente el partido político más corrupto de nuestra democracia). Analicemos el primer ejemplo: no votar a su partido no es sólo no ser patriota, significa además apoyar a los enemigos de la patria. Para el líder del PP, como para Abascal, ser patriota ya no es sólo colgar la bandera nacional del balcón, ir a los toros y a misa, vivir en el seno de una familia tradicional, etc. Ahora ser patriota también pasa por votar a sus partidos.

Frenar este tipo de discursos, que tienen y están teniendo mucho efecto, no pasa por negar el marco “patria”. Negar algo no implica que vaya a dejar de existir.

Es cierto que usar este tipo de marcos no siempre tiene efectos. Un ejemplo. Si ahora un político saliera en televisión advirtiendo de los peligros de la peste negra, todos pensaríamos que algo falla en su discurrir (o no, seguro que alguno habría que lo siguiera, nunca se sabe en tiempos de terraplanistas y antivacunas). Seguramente hace unos años apelar a la «patria» como se hace en estos días tendría poco rédito electoral. Entonces, ¿por qué ahora funciona?

En el caso de Europa los mecanismos que activaron este marco fueron la llegada de refugiados a algunos países o las políticas de austeridad de la Comisión Europea en otros, y el terrorismo yihadista prácticamente en todos. En el caso de España, el detonante principal fue el impulso independentista en Cataluña que fue rápidamente respondido con un sentimiento nacionalista español. Si a este sentimiento le sumamos algunos enemigos clásicos: inmigrantes, terroristas, ideas que quieren acabar con nuestras libertades (feminismo, marxismo, populismo), inseguridad ciudadana, en definitiva, «enemigos de la patria», cobra sentido recuperar una bandera que en tiempos de crisis siempre trae buenos resultados a quien la agita.

Para anular este tipo de discursos hay que disputar esos marcos, redefinirlos. Por tanto, ¿qué es “patria” para un progresista y un demócrata? Y desde aquí contraataquemos, ¿por qué un ultranacionalista no puede ser “patriota”? Cuando la gente vea la relación “ultranacionalista” – “patria” igual de extraña que la de “taller” – “veterinario”, habremos conseguido una primera gran victoria.

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Author: Jose Gallego Leal